Diario

¿Te conté que un día me temblaron las uñas?

Comenzaron a caerse por pedacitos hasta que una noche me di cuenta. Tuve miedo cuando desperté y descubrí que ni con las rodillas, ni las pestañas ni el pelo era suficiente.

Soledad también quería hacer temblar mis uñas, para dejarme sin ellas.

Abrí los ojos rápido, me aseguré de que su espacio en blanco siguiera ahí y busqué una lámpara con mis manos. Mis manos sangraban esta vez y mi cuerpo también se llenó de sangre. No encontré la lámpara pero siempre supe que era un intento en vano así es que comencé a recoger mis uñas.

Me dolieron las rodillas porque de pronto las uñas eran pequeños vidriecitos que descosían lo bordado en mí por uno que otro chiquillo guapo.
Pero no me paré, y cuando reuní todas mis uñas (que ahora eran vidriecitos) las junté con mis pestañas y el cabello que alguna pena de amor un día me quitó.

Todo junto era una mezcla triste dentro de un frasquito medio oscuro. Las cosas parecían mejorar, pero necesitaba embriagar la sangre que me quedaba y para eso me tomé un té sin azúcar, con nada de azúcar..

Ahora puedo seguir durmiendo tranquila.- pensé
Con la tristeza encerrada y mis dedos sin uñas lo que pueda llegar a soñar no podrá hacerme daño.