Sobre moría

sábado, 31 de julio de 2010 20:46 Publicado por verde agua
Gustaba llamar a sus hijos con algún nombre extraño, de esos que encontró al leer por primera vez un libro antiguo que hablaba de Macondo (Macondo, como su primer hijo) de hojarascas y soldados de guerra que morían fusilados.

Catalina era su nombre, y le gustaba evocar los recuerdos con una tal Quintrala. No es que tuvieran algún parecido pero disfrutaba con ella la osadía de imaginar una vida distinta; y tampoco era que no le gustase la que llevaba; es que a veces necesita reír.

Le caía bien la Quintrala, porque destrozaba el corazón de los hombres sin derramar una gota de sangre, a ella le habría gustado saber cómo hacerlo pero al rato entendía (otra vez) que no tendría sentido a estas alturas, tan lejos ya de todo.

Esa tarde miraba las hojas cobrar vida afuera en el patio.

Nadie podrá entender lo que guardan sus ojos posados detrás de esos barrotes, sus ojos perdidos, exiliados de este mundo pero prisioneros de ella todavía; y ella que había sido expulsada de sus cabales sentía la sangre correr rápido por sus venas, como haciendo carrera para encontrar una salida, o explotar ahí mismo; la sangre, esa que ardía gustosa en sus entrañas, le descocía el corazón mientras iba y venía a través de sus venas y Catalina se tapa los oídos para evitar que suceda, o que termine de suceder.

No tuvo fuerzas esa vez para rebanarse las muñecas porque cargaba con la muerte en cada uno de sus huesos, y quiso esperar a que la sangre hirviera dentro de ella -quizá de pronto se evapore- pensó, quizá los insectos abandonen mi cerebro y me dejen a solas con el silencio, como ha sido siempre, como nunca debió dejar de ser.

El rojo de su pelo se puso anaranjado a las doce, cuando los barrotes filtraban el sol, y recibía pedacitos de una libertad que siempre le fue ajena.
Posó sus manos delgadas sobre los barrotes de la ventana, rodeándolos con cariño para acomodar su rostro entre ellos y mirar al sol

Estaba cansada esa vez, buscó a sus hijos dentro de un baúl; Macondo estaba sucio y Catalina regañó su rostro sin vida mientras lo limpiaba con un poco de saliva. Era felpudo al igual que el resto, aunque la Quintrala era distinta, su vestido de bailarina de ballet y sus mejillas siempre coloreadas le daban un aire aristocrático.
Quiso conversar con ella y la sentó sobre la cama, poniendo cuidado esta vez de que no se fuera a caer porque ya había perdido uno de sus deditos de porcelana la última vez que había nevado en su habitación, o dentro de ella; da igual.

Ves Quintrala? Ves lo difícil que es ser mamá? – le dijo con la mirada puesta en el techo, como esperando escuchar una respuesta desde el cielo blanco de la pieza, o desde alguno de esos rincones dónde sólo corrían arañas o quizá de entre esos barrotes acabados y fríos. De dónde fuera, esperó oír la voz que alimentaba sus pesadillas y que la había traído hasta ese lugar.

Y la escuchó, como siempre, la escuchó.

1 Response to "Sobre moría"

  1. Pina Says:

    Me gusta esto, me gusta mucho :D
    Un abrazo, Feña

Publicar un comentario