(Desde el siguiente amanecer, el sol no llevará tu nombre)
Eternos. Alguna vez le di un significado a esa palabra, pero ayer se me olvidó, como muchas otras que algún día guardé, para que de lo melosas que son, no se me olvidaran.
Si hubiese sabido que el corazón se me iba a achicar y que ya no iba a poder seguir guardando palabras, yo misma me habría arrancado otras como: quedarse, retroceder, parar, qué se yo. Cualquiera de esas que me incomodaban (y que aún lo hacen) cualquiera, pero no las que se fueron.
Sin poder hacer algo, mi corazón se hizo pequeño para tanta cosa y olvidé nuestros nombres, nuestras palabras, me olvidé de ti cuando estaba con el tiempo y todo fue ceniza.
Sé que cuando escribo, retengo las ganas de llorar, lo cual es a propósito porque a futuro planeo abrir un banco de lágrimas, para repartirlas cuando el sufrimiento también se compre con tarjetas mastercard; entonces, llorar será lo único gratis en este planeta.
Escribir desde la rabia es bueno para des hacerse de ella, se debería poder escribir desde la muerte, desde el cansancio, desde la estupidez y la cordura.
Ya no tengo nombres para ti, porque el corazón se me hizo pequeño y ya no puede reconocerte.
5 de mayo de 2009 a las 18:07
Fernanda, hoy más que nunca puedo decirte que eres una mujer sin maquillaje, te lo digo literal y figuradamente. Prometo que te ves bien sin tener que usarlo, y eso es increíble si pensamos en las mujeres de este siglo. Yo no sé por qué pasan las cosas, pero suceden y uno es una simple sujeta que se encuentra ahí (para bien o para mal). Hay que aperrar no más y para eso estás preparada, porque sé de lo que estás hecha.
Te quiero futura abogada, de verdad que te quiero, mucho, me da igual sonar gay.
Miaecilla