Después del Para Siempre

Lo que pasa es que nunca te vi partir; entonces, ahora que te veo llegar pareces otro/a y ya no sabría definir el contorno de tus labios, no podría decir cuantas pestañas tienes en los ojos porque da la impresión que llegaste sin ellas. Creo que te las arrancaste hace rato y que mis malditas ganas te las fueron pegando con stick fick, una por una, a ver si volvías a ser el/la mismo/a.
Estoy segura que si te invitara a dar una vuelta tendría que voltear la cara a cada rato para comprobar si Tu cara sigue ahí.

Nadie quiere caminar así.

Creo que al final lloraba por las putas ganas que tenía de verte partir y aun así no te ibas, te quedaste para pedir perdón y no sé si te lo dije; pero sólo quería que te fueras y por eso habría perdonado hasta a la Muerte.

No sé si tú sabes pero ni siquiera la Muerte fue Para Siempre.

Cisma

Sentí caer una lágrima rebelde por mi mejilla, pronto le siguió otra, y luego otra; entonces, vino la Revolución.

Mañana

No, yo no sé lo que viene después; podría inventar una historia tremenda (como tú) pero no lograría que me creyeras, podría prometer llegar contigo al fin del mundo y crear en nuestro imaginario lo que sigue después. Pero no somos piratas (no esta vez) y el mundo termina en una cascada abrupta, sin explicaciones, sin mentiras piadosas.

Por eso prefiero meter en el bolsillo de mi abrigo todo lo que no entiendo, lo que no acepto y lo que no quiero. Porque en la oscuridad encuentro las cosas que he dejado olvidadas y en el bolsillo de mi abrigo las penas pesan menos de lo que cuestan.

No, yo no sé lo que viene después, pero no me des armes con esa pregunta porque arde hasta lo in aguantable no poder responder, porque no hay defensa posible, porque duele más que esconderme de ti.

No me acorrales de esa manera si sabes que los besos traen un futuro incierto

No me preguntes que viene después si después no estarás aquí.

Laura

Desde pequeña, más bien desde niña (sí, eso sí, pero sólo para que suene más verídico) mi familia insistió en convertirme en toda una mujer, mujer bajo su concepción de lo que eso significaba, y como esa versión nunca coincidió con la mía, decidí negarme a esa realidad, a ese paradigma tan mal definido.
Todas las navidades era el mismo cuento, el regalo: un tenebroso bebé que peor que un adulto necesitaba un incentivo para reír, o llorar, ¡Cuánto odiaba a los que lloraban! Y cuando apretabas su estómago inerte todo era un suburbio de emociones falsas. De a poco me convertían en su ideal de mujer, dándome responsabilidades que no quería dentro de mi vida, ni presta ni lejana, ni real ni imaginaria.

NO.

Yo no quería atender a un hombre que, sometido al ultrajo de los años, se convirtiera en alguien vacío, de faz in expresiva, de cuerpo y manos atropellados por el tiempo.
Fue difícil entender que en algún recóndito pasadizo de mi alma, se escondía otra persona de tan distinta anatomía. Y mientras para las navidades seguían apareciendo tacitas de té, y coches en miniatura para cargar al bebé, yo acariciaba la mano de Jimena, que poco a poco se alejaba hasta desaparecer, dejándome envuelta en un sentimiento de contrariedad irremediable. ¿Era eso un crimen?

SI.

Una horrenda jugada que me dejó sin amigas. Sólo una permaneció a mi lado, sólo Laura fue capaz de entender lo que yo no entendía, de decirme qué escondían los estremecedores murmullos a mi andar.
Pero aquella verdad tan razonable para mí, fue un devastador terremoto en la familia, no quedó edificio moral en pie. La rabia de mis padres acabó con todo concepto de comprensión pensé podría recibir.
Me casaron y sólo supe el nombre de mi esposo unos días antes de la boda, es decir, unos días después del derrumbe.

La tristeza ha estado todos estos años haciendo jugarretas con mis emociones, y sólo cuando muera podré liberarme de esta jaula. Mientras, embriago mis sentidos e invento las ganas, esperando ya sin esperanza, que las atropelladas manos de mi ultrajado marido comiencen a recorrerme. Para ese entonces; yo pensaré en Laura.

El séptimo Día

Llegas sin invitación, llegas triste y te instalas en el momento más incómodo de la semana, tu vida dura veinticuatro horas pero te reinventas como las lágrimas. Llegas tarde y con un montón de excusas que nadie quiere escuchar. Traes un cuento a secas, sin metáforas sin retórica. Eres un hombrecillo tímido que se esconde en la penumbra y que por eso todos detestan. Tu cuerpo pesa como las mentiras pero tú no eres una, eres el asesino que no escogió serlo, eres el ladrón que roba por necesidad, el chiste que la gente demora en entender.

Nadie puede hacerte justicia Día Domingo, sucede que a todos les caes mal, sucede que traes horas muertas que nadie quiere vivir, traes cansancio y muchos para qué sin respuesta.
No me pidas que les explique porque yo tampoco entiendo, a mi también me parece vivir el holocausto de las horas, también siento el destierro que traes en el cuerpo cuando llegas y me duele cada palabra que te llevas.

A fin de cuentas nadie quiere lidiar contigo, eres el niño con el que nadie quiere jugar por egoísta, por no compartir sus juguetes. Eres la eternidad que no perdona.

No es el destino que escogiste pero a todos nos condena la nostalgia. Claro que tú no lo puedes ocultar.

Conmáscara

(biografía de una locura)


Verdad nunca supo mantener un secreto, le costaba mucho admitir que de pequeña las palabras se le escapaban de la boca, muchas veces ella no tenia idea de cómo sucedía pero de pronto los secretos dejaban de serlo y ya nadie quiso contarle algo.
Así fue como también perdió a sus amigos, todos tenían miedo de juntarse con ella porque si le confesaban cualquier cosa, acabaría sabiéndolo medio mundo. Se fue quedando sola, su familia la rechazaba por ser así ya que dejaba al descubierto lo que nadie quería escuchar, su personalidad se volvió in tolerable y ya nadie confiaba en ella.

Todos la evitaban.

La apodaron Mentira, nadie daba fe de lo que decía y todos negaban lo que Verdad aseguraba saber de ellos. La gente la miraba con desprecio en la plaza y su familia no tardó en echarla a la calle. Nadie quería alimentar a quien no podía guardar un secreto, a quien no podía luchar contra su propia transparencia.

Por un largo tiempo, Verdad se paseó por las calles como la indigente en que la habían convertido, vivió de la caridad de los locos y aunque no tenía un céntimo, siguió causando líos.

Apenas se percataron del problema, los del gobierno no tardaron en pagar a Loca una apetitosa cantidad de ceros (a la derecha) para que se hiciera cargo del asunto, pero ella, al darse cuenta que Verdad no era más que una pobre chiquilla de dedos frágiles, prefirió esconderla en el umbral de las historias perdidas. Lamentablemente, los del gobierno descubrieron que Loca los había des obedecido y la castigaron, decidieron disfrazarla de Verdad y así la condenaron al desprecio de la gente, al mismo tiempo que le deban, a la apariencia de Verdad, la irracionalidad que le faltaba para ser ignorada por completo.

Pero aun les quedaba un problema, Verdad. A ella le tocó más duro, a Verdad la dejaron sola, el olvido se olvidó de ella y la historia abusó una y otra vez de su cuerpo, de su piel, la despojaron de sus lunares, de su aroma de mujer y de todo lo que sabía.

Luego, la pusieron en el lugar de Loca y desde allí grita des controladamente, pero nadie la escucha, y desde luego: todos la evitan.

El sexo de los ángeles

Una de las más lamentables carencia de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato nunca confirmado de que los ángeles no hacen el amor, quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales. Otra versión, tampoco confirmada, pero más verosímil sugiere que, si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos por la mera razón que carecen de erotismo lo celebran, en cambio, con palabras, vale decir, con las orejas. Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y sentarse mediante el intercambio de miradas, que, por supuesto, son angelicales. Y si Angel para abrir el fuego dice "Semilla", Angela para atizarlo responde "Surco". El dice "Alud" y ella tiernamente "Abismo". Las palabras se cruzan vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos, Angel dice "Madero" y Angela "Caverna". Aletean por ahí un ángel de la guarda misógino y silente y un ángel de la muerte viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe. Sigue silabeando su amor. El dice "Manantial" y ella " Cuenca". Las sílabas se impregnan de rocío y aquí y allá, entre cristales de nieve, circula en el aire, sus expectativas. Angel dice "Estoqueo" y Angela radiante, "Herida", el dice "Tañido" y ella dice "Relato". Y en el preciso instante del orgasmo intraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos se estremecen, entremolan, estallan y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.

Diez y seis (la sombra del cactus)

Es irremediable tratar de concentrarse en otra cosa que no sea en esta búsqueda permanente, tratando de encontrar aquello que ya borramos del mapa. También es difícil zafarse de la melancolía cuando pica como un mosquito subiendo por la espalda, ahí donde definitivamente mis brazos no alcanzan porque son demasiado cortos, y demasiado ineptos.

No es coincidencia que sea hoy y no otro día (sabes que no) que las sonrisas parezcan muecas disfrazadas que sólo nacen para y por los convencionalismos sociales, haciéndome parte de la gente que pasa y que se va sin dejarme un poco de lo que realmente son, porque a ratos me hago invisible aún sin quererlo y desaparezco hasta dentro de mi misma.

No es coincidencia que llueva hoy y no otro día (estoy segura que no) porque no estoy ni donde debo ni donde quiero, estoy en ninguna parte, no soy ni un jamás ni un para siempre. Soy una duda, un tal vez, un camino a ninguna parte. Y el resto de la gente no sabe que llueve porque causa molestia recordar, nadie sabe que llueve porque tú aprendiste a contener la pena, y la rabia, y el olvido.

Yo no tengo remedios para contener ni explicar nada, porque hay cosas que son así porque el día pasó más rápido o más lento, o porque no pasó. Tampoco tengo respuesta para la nostalgia omnipresente que invade todo mi cuerpo sin piedad. No tengo promesas que hacer (porque me quedan muchas que cumplir) ni culpas que inventar. Sólo sé que ya no me queda ni una pizca de maquillaje en la cara, ni en las manos.

Es imposible volver a leer un texto sin darse cuenta de los errores que alguna vez pasaron desapercibidos, es una utopía repararlos todos, porque con el tiempo, los errores se vuelven como las necesidades, se multiplican y no se puede prescindir de ellos.

No es coincidencia que las cosas sólo sean porque sí.

Desde nuestro infierno

jueves, 7 de mayo de 2009 7:52 Publicado por verde agua 2 comentarios
No creas Wladimir, que nuestro amor fue de juguete, por supuesto que no chico, y aunque reconozco mi egoísmo, no miento si digo que vi junto a mí tu carita de guerrero, juntos en una tierra donde seríamos libres, por lo menos dentro de nuestro metro cuadrado, pero libres de verdad.
No estaba dentro de mis planes perderte, y ahora que el atlántico guarda tus huesos de araucano, mi vida se fue a bailar salsa a una isla más desdichada que la Habana, y me hallo tan sola como un arraigado ideal de verdadero comunismo allá en Cuba.
Yo te quise Wladi, pero con minúscula. Me encantaste y te encanté, más que eso, me dejaste entrar en esos ojos pardos, que brillaban como la luna encaprichada en tu rostro, y desde ahí, derechito pa tú alma, me instalé con cueros y petacas de mojitos, disfrutando hasta el más escondido rincón de nuestro cuerpo.
Yo te quiero Tere, me decías al oído con voz cálida mientras tus manos morenas acariciaban mi rostro. Te quiero tanto que voy a sacarte de aquí, a donde sea, nos escapamos juntos y que se vaya a la misma cresta Fidel y su revolución.
Para ese entonces, los ideales con los que arribaste a Cuba estaban pisoteados en el suelo, cual mendigo incapaz de sostenerse en pie.
Llegaste con ganas de estudiar música en el país “independiente” de América, pero al tiempo que te enamorabas, tu piel mestiza se desencantaba de lo que tus padres te enseñaron y cuando no encontraste la utopía de igualdad y libertad que buscabas, enfrentaste al mundo con decepcionada fiereza y entendiste lo injusto de esta revolución. Viste al mismo yanke que vi yo, entrar a un hotel de otro mundo, pagando todo lo que su capitalista alma y bolsillo le permitieran. Wladimir, yo quería ir a la par con el gringuito de descaradas ambiciones.
Te quise Wladi, me sacaste de Cuba y te arriesgaste con esta isleña que te embriagó, mi negrita, me decías, si tengo que transformarme en un facho soberbio, lo haría por ti mi negra linda.
Recuerdo tus labios mojados empapando mis besos dulces, y desde aquí, la nostalgia de haberte perdido se mofa de mi remordimiento, pero yo me oculto tras la sombra del olvido y acallo mis lágrimas, soberbias y orgullosas (igual que el facho que nunca llegaste a ser) cuya ausencia endurece mi rostro cada vez que veo el mar, porque desde estas tierras globalizadas, se ve el mismo mar que riega los sueños allá en la Habana.

Corazón ausente

Ayer, fuimos polvo y tierra.
Mañana, un libro en des uso.
Hoy, nada.

Vivimos la peor de las muertes: la que te deja vivo, con los sentidos bien instalados para que no se pierdan un segundo de la sensación de respirar a medias, de morir a ratos y resucitar de entre los muertos.
Somos una sombra abstracta que se fue con la noche y que el sol no recuperó. Somos (ti) niebla y la lluvia nos pasó por encima. Somos amor artesano que el libre mercado atropelló.

Somos un espacio en blanco.

Se derrumbó la última hoja del árbol y se des hizo antes de tocar el suelo. Lo que quedó, se esfumó con el último hálito de vida que le quedaba, hasta que desapareció. El árbol es ahora un fantasma de ceniza y carbón.

Somos una maraña de cosas in útiles.
Un montón de sonrisas muertas.
Somos un vacío interminable.

El último fusil

lunes, 4 de mayo de 2009 21:31 Publicado por verde agua 1 comentarios

(Desde el siguiente amanecer, el sol no llevará tu nombre)



Eternos. Alguna vez le di un significado a esa palabra, pero ayer se me olvidó, como muchas otras que algún día guardé, para que de lo melosas que son, no se me olvidaran.
Si hubiese sabido que el corazón se me iba a achicar y que ya no iba a poder seguir guardando palabras, yo misma me habría arrancado otras como: quedarse, retroceder, parar, qué se yo. Cualquiera de esas que me incomodaban (y que aún lo hacen) cualquiera, pero no las que se fueron.

Sin poder hacer algo, mi corazón se hizo pequeño para tanta cosa y olvidé nuestros nombres, nuestras palabras, me olvidé de ti cuando estaba con el tiempo y todo fue ceniza.

Sé que cuando escribo, retengo las ganas de llorar, lo cual es a propósito porque a futuro planeo abrir un banco de lágrimas, para repartirlas cuando el sufrimiento también se compre con tarjetas mastercard; entonces, llorar será lo único gratis en este planeta.

Escribir desde la rabia es bueno para des hacerse de ella, se debería poder escribir desde la muerte, desde el cansancio, desde la estupidez y la cordura.

Ya no tengo nombres para ti, porque el corazón se me hizo pequeño y ya no puede reconocerte.

Manifiesto de un Artista (callejero)

Buenos días señorita, caballero; mi intención no es molestar, sólo pido a cambio de mi arte una sonrisa bien grande que nos sirva para despertar de este letargo.


Sin vergüenza vengo a hablarles de lo amplia que es la palabra Artista, por eso me gusta, porque es amable y nos hace un hueco a todos; de algún u otro modo encajamos bien entre sus letras y todos tenemos derecho a denominarnos como tal; es el nombre que viene después del nombre.

Así como me ven yo no tengo estudios acerca del tema, pero hoy es la oportunidad de dejar de lado la teoría y ejercitar la práctica.

Propongo una oda a todos los hombres y mujeres que se suben a las micros ha regalarnos un poco de su música, de su teatro, de su poesía. A todos los pintores directamente desde la plaza de armas, a todos los mimos de Ahumada, a todos los cantantes del parque forestal, una oda bien merecida por hacer del arte algo humano y asequible, por compartir su talento a un precio módico, por ser valientes y enfrentar (nos).

Compañero, no sea usted desconfiado, más bien anímese y agradezca que lo que tienen para dar es mucho más de lo que usted recibirá gratis en toda su vida.
Sáquese los audífonos que lo que ellos hacen también es música, no hablemos de Silvio, Alejandro, hablemos de los anónimos que también son trovadores.

Por una vez, desechemos a los ídolos de papel y maquillaje y quedémonos con el que no pide a cambio idolatría, sólo una moneda de las chicas.

Porque son parte de este Chile y lo hacen más vivible, porque las horas en micro se hacen ligeras con buena música, porque su talento es de verdad y no viene envasado, porque son los artistas despojados de los círculos sociales y que, aún teniendo en claro eso, más que cualquiera de nosotros, perduran: más que cualquiera de nosotros.

No sea desconfiado y voltéese a mirar, esto es arte (callejero).

Huésped

Nunca me han gustado los animales, son molestosos, impertinentes, algunos pecan de flojos y otros de hacer demasiadas estupideces dentro de muy poco tiempo. Son sucios y dependientes. Pero, en el caos de mi compleja filosofía, no puedo encontrar un sentimiento de odio hacia ellos, por lo mismo es que no soy adherente a los maltratos o a los crímenes que se cometen en contra de estas criaturas tan vulnerables, en honor a la verdad, me dan pena y los prefiero lejos.

(Demás está decir que ninguno de ellos es mi mejor amigo.)

Hace tiempo un animal de estos vino a fastidiar mi vida, a ocupar mis espacios, mi casa, se paseaba con toda la libertad que les da la patudez de creerse los dueños del mundo. Me miraba con rabia cuando pasaba frente a mí, y decía cosas que, obviamente, debido su vocabulario inferior, yo no entendía. Sólo una cosa era segura: no se iría por cuenta propia.

Me las ingenié para que saliera, y aunque siempre se demoraba, nunca olvidó el camino y se las arreglaba para entrar.

Pero, un día no volvió más, se fue sin tener que echarla, sin dar explicaciones, se fue con sus maletas bien cargadas y ahí quedaron su pieza y su familia. Ahí quedaron sus historias de papel y también algunas de las que fueron de verdad. Ahí quedaron sus facsímiles, sus cuadernos de matemáticas, sus libros, sus deudas, sus trampas y sus verdades.

De vez en cuando llega más amable de lo que realmente es, pero ya no me molesta en la hegemonía de mi patio trasero, lo que pasa es que ahora yo soy el anfitrión y ella, ella es sólo una visita.

Los cuenteros no mentimos

Un cuento es una verdad alterada por el literato; una mentira nunca fue verdad.